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Desde que era pequeña, recuerdo que mi madre siempre me enviaba a viajes sin ella. Mi padre siempre ha trabajado en barcos, así que en verano me enviaba hacia donde él estaba, también viajé con mi abuelita a lugares más lejanos. Mi padre obviamente tenía que trabajar y no podía vigilarme 24/7, así que habían reglas que no podía romper. Básicamente reglas de disciplina. Nunca olvidaré esos viajes porque además de ser muy divertidos, aprendí a ser independiente. Las enseñanzas de mis padres y su confianza en mí fueron claves para lograr ese nivel de armonía.
Ahora que soy madre, me llegó el turno, ¡y qué difícil ha sido! Como mamá, mandar de viaje a tu hijo, aunque sea con familiares, representa un reto. Sé que para mi madre fue difícil, me lo dijo alguna vez cuando yo ya era mayor de edad, pero nunca me imaginé que fuera tanto así.
No debería ser tan duro si viaja con familiares de nuestra entera confianza, ¿verdad? Pienso que esa no es la razón de nuestra preocupación. El problema es que nosotras protegemos mucho a nuestros hijos, estamos pendientes de todo, a todo momento. Cuando llega de la escuela y vemos su carita, nos damos cuenta si le fue bien, o no tan bien; si sufrió una caída, estamos pendientes de su cuerpito y si tuvo algún lastimado; verificamos si comió todo el lunch; en fin, no se nos escapa nada. Pero cuando están lejos, todas esas cosas salen de nuestro control, y eso es lo que a mí me costó sobrellevar durante su ausencia.
Bueno queridas madres, les cuento que esa preocupación jamás va a desaparecer. Siempre estaremos pendientes y preocupadas por nuestros hijos. Es nuestra naturaleza. Ahora es porque son niños (mi hijo tiene 8 años), más tarde porque son adolescentes y saldrán con sus amigos a fiestas y a la playa, más tarde cuando tengan novia o novio y se desaparezcan por ahí, luego cuando vayan a la universidad y no tengan horario fijo, y así sucesivamente.
Pero para mí es muy importante enseñar a mi hijo a ser autónomo (de acuerdo a su edad, obviamente). Siento que mi deber es soltar a mi hijo poco a poco, y darle la confianza y el conocimiento que necesita para ser independiente y responsable. Cuando mi hijo sea un adulto hecho y derecho: si no es “mamitis”, habré hecho un buen trabajo. Yo siempre estaré ahí apoyando a mi hijo en todo, pero no quiero que, durante su vida de adulto, sus decisiones de vida giren alrededor de mí. Mi sueño es ver a mi hijo como un adulto feliz, que se deje llevar por sus sueños (no los míos) y los persiga, que tome sus propias decisiones, y sea 100% independiente.
Ayer fui a recoger a mi hijo al aeropuerto, se fue con mi padre un par de semanas a navegar por las Islas Galápagos. Para mí esas dos semanas pasaron muy lentamente. No podía hablar con él a diario pues no había señal, y cuando mi padre llamaba, Nico no se acercaba porque estaba jugando, así que sólo logré hablar 2 veces con él.
Cuando viajamos juntos a Galápagos la última vez, yo le animaba a que haga snorkeling, y ese tipo de cosas, pero Nico nunca se animó. Esta vez, sin mí: Nico hizo Kayaking, snorkeling, natación, y muchas otras actividades. Yo pienso que conmigo no se animaba a hacer esas cosas porque yo ponía una cara automática e inconsciente de preocupación, y aunque le animaba a practicar la actividad, también le transmitía nerviosismo; entonces Nico se negaba y yo me sentía aliviada… ¿Terrible verdad? Este es un tema para pensar mamis.
Estoy muy feliz de que mi hijo hiciera este viaje, el pasó feliz, y aunque me dice “yo también te extrañé mami”, yo sé que no fue tanto así… Se divirtió mucho, hizo nuevos amigos y aprendió muchas cosas nuevas. Yo pasé pensando en el día y noche, ¡pero así es la vida de mamá!
